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Tienes falta de autoestima si… No te aceptas tal como eres. Siempre te exiges más y más. Eres demasiado perfeccionista. Minimizas tus logros y nunca es suficiente. Das una importancia exagerada a tus defectos. Te sientes culpable cuando cometes errores y no aprendes a perdonarte. No confías en tus capacidades. Tienes miedo al fracaso y a los cambios. Tienes muy en cuenta la opinión de los demás y requieres de su aprobación para sentirte bien. No aceptas bien las críticas. Tienes dificultades para expresar tus sentimientos por miedo al rechazo de los demás. Te comparas con otros o tienes sentimientos de inferioridad. Te cuesta mucho decir NO. Tienes hábitos de vida poco saludables. Las causas de una baja autoestima Entre las posibles causas de los problemas de autoestima encontramos: La desaprobación de las figuras de autoridad. Las figuras de autoridad, como los padres y maestros, ejercen una profunda influencia durante la niñez. Si has crecido escuchando que todo lo que haces está mal, es probable que hayas hecho tuya esta frase y tengas una baja autoestima. Padres poco afectuosos. Para crecer y desarrollar una autoestima sana, es fundamental sentirse amados. Puede hacer tanto daño una frase humillante como la indolencia afectiva. Si de pequeño tuviste unos padres indiferentes emocionalmente, es probable que hayas internalizado esa carencia como que no eres merecedor de afecto. Educación sobreprotectora. En el extremo opuesto se encuentran unos padres demasiado sobreprotectores que, sin darse cuenta, le han impedido a sus hijos desarrollar sus propias capacidades. Como resultado, es probable que no poseas las herramientas necesarias para enfrentar los problemas de la vida y por eso crees que no vales nada como persona. Expectativas demasiado elevadas de los padres. Cuando los padres le exigen demasiado a un niño, este puede sentir que no es lo suficientemente bueno ya que, por más que se esfuerce, nunca logrará satisfacer sus estándares. Obviamente, esta sensación se extiende a otros ámbitos de su actuación y afecta profundamente a su autoestima. Dificultades en el aprendizaje. A menudo los problemas en el aprendizaje provocan una baja autoestima, sobre todo si el niño es ridiculizado o reprendido por culpa de sus resultados o discapacidad. De hecho, se trata de una situación frecuente cuando los padres se centran solo en los resultados académicos y no potencian las actividades en las que el niño se puede sentir más cómodo. Haber sido víctima de abuso. El acoso escolar, la violencia física familiar o el abuso emocional son problemas que afectan profundamente a la imagen que tenemos de nosotros mismos.. Cuando creces en un ambiente en el que no tienes el control y has sido víctima de humillaciones, es normal que dudes de tus capacidades y que te resulte difícil confiar en las personas, por lo que, a la larga, puedes desarrollar una baja autoestima. Sistema de creencias limitante. Los problemas de autoestima no siempre se arrastran desde la niñez, en ocasiones surgen en la adolescencia o en la juventud, cuando comenzamos a compararnos con los demás y creemos que no estamos a su altura. Además, en la adolescencia la valoración por parte del grupo de iguales es fundamental, por lo que si somos rechazados por ellos, podemos quedarnos estancados en esta etapa.
AUTOESTIMA Y AUTOCONFIANZA ¿Qué es la Autoestima? La autoestima son los sentimientos que damos hacia nosotros mismos, es el cómo nos sentimos con nuestros comportamientos, actitudes, habilidades, logros y fracasos. Es el sentido de nuestra valía y el aprecio que nos tenemos. Se trata de una relación que vamos construyendo con nuestro “yo” a lo largo de los años y que está determinada por la manera en que hemos ido reaccionando ante las situaciones que se nos han presentado en la vida y también en cómo nos hablamos a nosotros mismos (Auto diálogos). Cuando somos demasiado exigentes con nosotros mismos y no valoramos los logros que hemos alcanzado, es probable que terminemos desarrollando una baja autoestima. Esta percepción inadecuada de nuestras capacidades y potencialidades nos limita como personas y suele generar una profunda sensación de infelicidad. La sana autoestima es incondicional Muchas personas se rechazan a sí mismas porque hay algo de ellas que no les gusta y se dicen que en el momento en que lo cambien podrán sentirse satisfechos consigo mismos: “cuando adelgace podré sentirme bien”, “cuando sea capaz de hablar en público dejaré de sentirme inferior”, “cuando consiga tener pareja me sentiré valioso”. En realidad, esto nos está hablando de otro problema mayor, que es la baja autoestima. La autoestima, cuando está condicionada al éxito, a los logros o a la aceptación de los demás no es una verdadera autoestima. Es natural querer mejorar y superar las propias dificultades, pero no como algo indispensable para sentirnos bien con nosotros mismos. El problema surge cuando en vez de aceptarnos tal y como somos nos exigimos ser como creemos que debemos ser o como los demás quieren que seamos, intentando satisfacer sus expectativas. Nos empeñamos en alcanzar un imposible “yo ideal”, y esto nos conduce a la frustración y aumenta nuestro auto-rechazo y nuestro sentimiento de baja autoestima. Tener autoestima supone valorarte por el hecho de ser quien eres. No es creerte mejor que nadie, sino aceptarte con tus defectos y virtudes, de forma incondicional. Cuando nos aceptamos y queremos tal y como somos, nos es más fácil crecer y mejorar en todos los aspectos de nuestra vida. Como decía Fritz Perls, “Ahora que me acepto es cuando realmente puedo cambiar.” ¿Cómo se forma la autoestima? La autoestima se va desarrollando a lo largo de la vida, aunque la infancia y la adolescencia son periodos fundamentales, ya que durante estos años va tomando forma la imagen que tenemos de nosotros mismos. Durante la niñez desarrollamos la conciencia de nuestra existencia, descubrimos nuestro género y nos damos cuenta de que somos seres diferentes de los demás. Entonces comienza a formarse el autoconcepto, es decir, el concepto que tenemos de nosotros mismos a nivel cognitivo, que depende en gran medida de las personas que nos rodean. La autoestima sería la valoración que hacemos de ese autoconcepto. Básicamente, la imagen que tenemos de nosotros pasa a través del prisma de los demás. No sólo nos valoramos por los resultados que obtenemos, sino que también dependemos de la aceptación o el rechazo de quienes nos resultan significativos. Sin el reconocimiento de los demás, nuestros éxitos solo serían logros a medias y pasarían desapercibidos, y sin la aceptación externa de nuestra persona nos resultará difícil aceptarnos a nosotros mismos. El problema radica en que cuando somos pequeños vivimos de manera acrítica la relación con nuestros padres y maestros, por lo que su valoración sobre nuestro desempeño es fundamental y moldeará la manera en que nos relacionemos con nuestro “yo”. Por tanto, si ellos no reconocen nuestras habilidades y aciertos, terminaremos pensando que estos no existen, y si siempre nos exigen la perfección, terminaremos nosotros por perseguirla constantemente o sentir que nunca es suficiente. Cuando una persona ha crecido siendo menospreciada, humillada y rechazada o presionada, se formará una imagen negativa de sí misma y es comprensible que no logre amarse, que tenga problemas de autoestima. Más tarde, durante la adolescencia, si nunca se ha sentido valorada o la valoración que ha recibido ha sido condicionada al logro, y no confía en sus habilidades o siente que no es suficiente, le resultará más difícil superar esta etapa de búsqueda interna y alcanzar la madurez psicológica necesaria para vivir de forma plena. Las principales consecuencias de tener una autoestima baja. 1. La necesidad de aceptación: Un problema de base. La persona con una baja autoestima suele tener una gran necesidad de aceptación y de reconocimiento, por lo que a menudo siente mucha presión en las situaciones sociales. La preocupación excesiva por lo que piensan los demás le suele conducir a malinterpretar determinados hechos, por lo que no es extraño que reaccione de manera exagerada, sobre todo si piensa que le están criticando. Obviamente, esto provoca roces y problemas en sus relaciones interpersonales. No obstante, lo más usual es que la persona con problemas de autoestima se guarde esas opiniones y sentimientos para sí porque, en el fondo, tiene miedo a la crítica y a que le dejen sola. En la base de este comportamiento también se esconde la creencia de que no tiene nada que aportar y que los demás son más listos y capaces por lo que prefiere guardar silencio. En ocasiones, esta actitud reservada hace que los demás vulneren sus derechos, lo cual puede generarle muchaira, que no siempre canaliza de la manera más adecuada. 2. La falta de confianza: Una barrera infranqueable. La baja autoestima genera una profunda falta de confianza, lo cual se proyecta prácticamente en todos los ámbitos de actuación de la persona, desde sus relaciones amorosas hasta el área laboral. Esta inseguridad a menudo también genera una gran frustración, que se suele versar sobre las personas más cercanas, como la pareja o los hijos. De hecho, el mal humor es un acompañante habitual de la baja autoestima y no es raro que termine proyectándose de manera agresiva. La inseguridad también le impide emprender diferentes proyectos porque cree que no tiene las habilidades necesarias y, por lo tanto, fracasará. Obviamente, esta actitud le permite mantenerse en su zona de confort pero le impide desarrollarse, tanto en el plano personal como profesional, porque le condena al inmovilismo. 3. Cuando el diálogo interior se convierte en el enemigo La persona con problemas de autoestima a menudo cae en las redes de su propio pensamiento. Cuando no es capaz de expresar lo que desea, de hacer valer sus derechos o de plantearse un objetivo más ambicioso, comienza a recriminarse por su falta de valor y sus escasas capacidades generando un diálogo interior sumamente dañino que no hace sino reforzar la pobre imagen que ya tiene de sí. Frases como “no valgo para nada”, “todo lo que hago, lo hago mal” o “no seré capaz de lograrlo” se convierten en su pan cotidiano y no sólo son un freno para su desarrollo, sino que generan una gran angustia e infelicidad. Cómo subir la autoestima La buena noticia es que la baja autoestima es un problema con solución. Existen numerosas técnicas psicológicas que te ayudarán a recuperar la autoestima, apreciar mejor tus cualidades y te permitirán comunicarte de una manera más asertiva, haciendo valer tus derechos. En El Prado Psicólogos ofrecemos tratamiento psicológico para subir la autoestima, así como talleres de autoestima en los cuales trabajamos a nivel grupal para aumentar la autoconfianza. Terapia para recuperar la autoestima.
Principalmente Psicoterapia Apreciativa, Psicología Positiva, Terapia Cognitiva Conductual y Mindfulness. ¿Qué lograrás? Desarrollar una autoestima sana que te sirva de base para alcanzar tus metas. Conectar con tus emociones y aceptarlas. Eliminar las creencias limitantes sobre tu imagen. Desarrollar la confianza en tus capacidades. Aprender a plantearte objetivos y trazar el camino para alcanzarlos. Superar la angustia y miedos. Abandonar la timidez. Cambiar hábitos auto-destructivos. Dejar de auto-sabotearte. Quererte más y tratarte mejor. Relacionarte con los demás con más confianza. Aumentar tu seguridad en ti mismo. Además, como complemento a la psicoterapia regularmente realizo talleres de autoestima con el fin de aumentar tu autoconfianza. ¿Qué esperas para empezar a quererte más de forma real y positiva?
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